No conozco con certeza el origen de El Médano como núcleo estable. Que yo sepa, no aparece citado hasta el Diccionario Estadístico-Administrativo de las Islas Canarias (1865) de Pedro de Olive, ya que no lo mencionan Viera y Clavijo (1772-1773), Francisco Escolar y Serrano (1793-1806), Sebastián Miñano (1826-1828) ni Pascual Madoz (1845-1850). Así, según Olive, en la década de los sesenta del XIX, el Médano lo componían 7 edificaciones de un piso, de las cuales solo una estaba habitada por temporadas. En esa misma obra se menciona El Abrigo (actual Los Abrigos), que por entonces tenía 2 edificaciones también de un piso, pero ambas habitadas.
Hay que tener en cuenta que, hasta bien entrado el siglo XX, el Sur de Tenerife era un territorio casi aislado. A mediados del XIX (cuando encontramos las primeras referencias a El Médano), la única vía de comunicación hacia Santa Cruz era el Camino Real del Sur, una estrecha senda empedrada (camino de herradura, se denominaba en le época), difícil y peligroso en no pocos tramos, por el que se transitaba a pie o en camellos (la cabalgadura más frecuente en el Sur). Bien es verdad que muy pocos de los residentes en esas remotas comarcas salían de ellas. Los asentamientos de población se emplazaban en las medianías, sin que apenas se consolidaran núcleos estables en el litoral hasta bien avanzado el XIX. No obstante, el modelo territorial de la Isla, muy especialmente en las vertientes Sureste y Suroeste, se caracteriza por ejes “verticales” que enlazaban el pueblo principal con el litoral. En el caso de Granadilla ese punto costero fue El Médano (Los Abrigos, aunque también en el municipio, enlaza “verticalmente” con el núcleo de San Miguel).

Tramo del camino real en la actualidad, no muy distinto de cómo sería en el siglo XIX.
Estos embrionarios asentamientos costeros eran centros de actividad estival complementaria a la economía agraria y pastoril de las clases populares, como explica Fernando Sabaté en “Burgados, tomates, turistas y espacios protegidos” (1992). También –y creo que éste es un factor más determinante para su consolidación urbana– embarcaderos, escalas de los navíos de cabotaje que iban rodeando el litoral tinerfeño para cargar mercancías y algunos pasajeros. Para la fecha del Diccionario de Olive, había veleros que costeaban la costa sureste y, aunque no he podido confirmarlo, no es aventurado suponer que atracarían en el entorno de El Médano (al fin y al cabo, ya lo había hecho Magallanes el 30 de septiembre, cuando fondeó al abrigo de Montaña Roja).
A finales del XIX, Juan López Soler, en su libro “La Isla de Tenerife, su descripción general y geografía” (1898), ya constata que El Médano era uno más de los “llamados” puertos del Sur de la Isla. Lo califica de “caserío” y nos dice que la mayoría de sus habitantes se dedicaban al embarque de los productos del municipio (refiere que en Granadilla había tres fábricas de tabaco, tratantes de ganado, granos y vino, y cultivos de frutas de gran calidad en el frondoso barranco de las Vegas). En esa fecha, según López Soler, El Médano contaba con 24 edificaciones, 2 albergues y la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, y en él residían 70 personas. Es decir, en las tres últimas décadas del XIX lo que era un lugar de habitación temporal se fue consolidando como embrionario núcleo de población estable.

El impulso definitivo para el crecimiento de El Médano ha de atribuirse a dos infraestructuras fundamentales: la carretera de Granadilla a la localidad, que se proyecta en 1897 y se concluye en 1907 (cuando la carretera general del Sur acababa en Fasnia) y el dique que posibilitó un puerto de cabotaje seguro. De hecho, en la regulación gubernamental de 1912 del tráfico interinsular se establece el siguiente itinerario: Las Palmas - Santa Cruz de Tenerife - Abona - El Médano - Los Abrigos - Los Cristianos – Adeje - Guía - San Sebastián - Hermigua - Agulo – Vallehermos (de Víctor Martín Martín; Un análisis de geografía histórica: crisis y decadencia del camino de Chasna en Tenerife, 2000). Por esas fechas se inicia la agricultura de exportación (muy vinculada al capitalismo inglés y apoyada por el Estado), de modo que El Médano se va convirtiendo en la puerta de salida de la producción agraria del municipio y, consiguientemente, se va haciendo ciudad.
En el Almanaque anual del diario Hoy de 1 de enero de 1934 se publicó un artículo dedicado a Granadilla firmado por María de las Casas Pérez (localizado gracias al blog Historia y personajes del Sur de Tenerife, de Octavio Rodríguez Delgado). Unos breves párrafos del mismo nos hacen ver que, ya en aquellos años, se imaginaba un porvernir turístico para El Médano: “En remanso de paz, acogedor y pródigo, El Médano destaca su blanco caserío adornado bellamente por el encaje de espuma de las olas. Diríase que las furias del Atlántico se duermen al besar la arena nacarada de las playas y que allí un veneno sutil, mil veces más amable que el opio, que prende en sus magníficos encantos. Pero esta playa, sin rival en la isla, tropieza con el obstáculo de los vientos frecuentes que levantan verdaderas dunas, haciendo casi inhabitable la playa, que debiera ser el balneario tinerfeño”.
La foto aérea del vuelo americano es la primera que nos permite conocer con certeza la extensión del caserío. A mediados de los años cincuenta del pasado siglo, El Médano era un pequeño núcleo conformado por unas diez manzanas de viviendas de una y dos plantas al oeste de la carretera que bajaba desde Granadilla (actual avenida José Miguel Galván Bello) con frente a la Playa Chica. Además, al otro lado de la actual plaza principal (que probablemente ya lo era en esas fechas, aunque sin urbanizar) se disponían unas cuantas viviendas articuladas a lo largo del inicio del camino a Los Abrigos. Si en la foto aérea seguimos ese camino costero, que bordeaba Montaña Roja por el Norte, hasta llegar a Los Abrigos, puede comprobarse el escaso uso (incluso agrario) del territorio circundante. Lo mismo puede decirse respecto del otro camino, todavía de menor presencia, que conducía hacia Pelada.

En 1965, el Ayuntamiento de Granadilla, presidido por Evaristo Gómez González, constata el auge turístico de las playas de El Médano y decide encargar con carácter de urgencia la redacción de un Plan General de ordenación urbana de El Médano y su área de influencia. Es cierto que por aquel entonces no pocos isleños habían “descubierto” las playas medaneras e iban a pasar parte del verano a la localidad (con viajes “eternos” desde Santa Cruz y La Laguna, ya fuera por la carretera del Sur o por la de las Cañadas). Sin embargo, según me confirman algunos amigos, ni mucho menos puede hablarse de que el Médano y sus playas estuvieran “abarrotadas”. Más que la existencia problema urgente (como lo calificó el Ayuntamiento), me atrevo a pensar que el turismo de playa era sobre todo un deseo municipal. El Plan General se concebía pues como la herramienta para preparar el entorno a fin de permitir la expansión urbanizadora y edificatoria de la localidad. Se le encargó al arquitecto Enrique Seco Gómez, muy vinculado familiarmente a Granadilla y por entonces con la carrera recién acabada (poco después sería uno de los impulsores del planeamiento urbanístico tinerfeño desde el Cabildo).

El fenómeno turístico tal como hoy lo conocemos (turismo de masas) comienza en Europa una vez iniciada la recuperación tras la última posguerra mundial, gracias al acceso de las clases medias a los viajes veraniegos dirigidos principalmente a destinos de sol y playa. En España, el cambio en la política económica que se produjo a partir del Plan de Estabilización (1959) supuso, entre otros efectos, la progresiva incorporación del país a los flujos turísticos y el fomento oficial del sector que comenzó a verse como una de las palancas del necesario desarrollo. Bien es verdad, que ese apoyo se materializó, sobre todo, en la facilitación de las inversiones inmobiliarias, de modo que lo que quizá más caracteriza esos primeros tiempos del “desarrollismo” fue la urbanización y edificación del territorio en una intensidad inédita hasta entonces: ámbitos litorales dirigidos al turismo, pero también suelos residenciales en las periferias de las principales ciudades. En ese marco se promulga en 1963 la Ley sobre Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional que permitía, previa declaración por el Ministerio, la conversión de espacios rústicos en nuevas urbanizaciones mediante el correspondiente “plan de ordenación urbana”, que se aprobaba al margen de lo que estableciera el plan general del municipio (o aunque no lo hubiera, como ocurría en la mayor parte del país) y la vigente Ley del Suelo de 1956.
Canarias se apuntó con ligera demora al proceso. Además, el Archipiélago ya contaba con una tradición turística (previa al turismo de masas), lo que permitió que los leves incrementos iniciales de la demanda fueran absorbidos por la oferta de los núcleos existentes (el Puerto de la Cruz y Las Palmas, principalmente). No obstante, enseguida se advirtieron las potencialidades de los terrenos meridionales, con condiciones climáticas mucho más favorables. Es sorprendente que la primera iniciativa de urbanización turística fuera el plan del Acantilado de los Gigantes (Santiago del Teide), en la punta más alejada de la Isla y en unos terrenos de fortísimas pendientes (declarado Centro de Interés Turístico Nacional en 1964). A partir de ahí, durante esa década de 1960 fueron aprobándose diversas iniciativas a lo largo de la costa tinerfeña (no solo en el Sur), siempre sobre fincas aisladas y sin ninguna integración en la estructura urbana y territorial. Obviamente, el motor de todas ellas era el negocio inmobiliario, buscando los más rápidos retornos de la inversión mediante la venta de las edificaciones. Como era previsible, al ser la dimensión de la oferta potencial muy superior a la evolución de la demanda durante ese primer periodo, muchas de esas iniciativas no llegaron a fructificar, lo cual no impidió que los terrenos quedaran expectantes y entraran en juego varias décadas después.
En este marco cabe entender que el ayuntamiento de Granadilla quisiera que El Médano se convirtiera en una importante zona turística en el prometedor futuro que se imaginaba. Conviene recordar que dos años antes se había inaugurado el Hotel Médano, erigido sobre la punta del Picacho, donde había un almacén de empaquetado de tomates (luego reconvertido a sala de fiestas) desde el que uno de los más importantes empresarios agrarios, Francisco García Feo, daba salida a su producción. Este hombre, muy bien relacionado en el ámbito político y económico isleño, fue probablemente de los primeros en Tenerife que se anticipó al inminente cambio de ciclo económico y, desde finales de los cincuenta, apostó por la construcción de un hotel que sería el primero que se abriría en el Sur (proyecto de Félix Sáenz Marrero). Su inauguración fue todo un acontecimiento social en la Isla, con la asistencia de la mayor parte de las autoridades insulares. Ese acto tiene, desde luego, un importante valor simbólico en la historia del turismo tinerfeño.
El Plan General de El Médano comprendía la franja costera municipal entre Montaña Pelada y Los Abrigos (hasta el límite con San Miguel). Desde la óptica actual, llama la atención que se denominara plan general cuando no cubría la totalidad del municipio; sin embargo, en el marco de la Ley del Suelo de 1956 era admisible la formulación de planes municipales que no abarcaran la totalidad del término, en cuyo caso debían calificarse de reforma interior o de extensión según los sectores que incluyeran (éste era obviamente de extensión, aunque no lo dice). Pero lo realmente sorprendente es la extensión que se ordena o, mejor dicho, se pone en expectativa. El ámbito del PG tenía una superficie de unas 1.070 hectáreas, de las cuales 293 se clasificaban como suelo urbano (en torno al núcleo existente, extendiéndose entre las playas de la Tejita y la Jaquita); el resto era suelo de reserva urbana que envolvía el anterior hacia arriba y hacia ambos extremos. Téngase en cuenta que la extensión real del núcleo en esas fechas era de unas 5,6 hectáreas, por lo que el suelo urbano (que desde luego no lo era con los criterios actuales) multiplicaba por más de cincuenta la superficie más o menos consolidada y las previsiones totales equivalían a casi 200 veces el tamaño de El Médano (bien es verdad que se incluía la superficie de Montaña Roja, calificada como espacio libre). Por algo a esa etapa de la historia de España se le denomina “desarrollista”.
El Plan General de El Médano llegaba a diseñar con bastante detalle el ámbito que clasificaba como suelo urbano, dividiéndolo en zonas según las tipologías edificatorias y trazando los viarios interiores de las futuras urbanizaciones, incluso con esquemas de configuración volumétrica. En el suelo urbano (la reserva urbana no se programaba) se preveía una capacidad de 20.285 habitantes, con una densidad relativamente baja (en torno a 75 habitantes/hectárea, considerada la más acorde para áreas turísticas). La edificabilidad media también era baja (en torno a 0,25 m2c/m2t). Se preveía la actuación en tres etapas de cinco años cada una, de modo que, si se hubieran cumplido los plazos, en 1980 estaría completada la urbanización de los que se llamaba suelo urbano. Las obras públicas se presupuestaban en 75 millones de pesetas. En cuanto a las privadas, el estudio económico-financiero “demostraba” que resultaban muy beneficiosas a través de la venta de los solares resultantes. Naturalmente, para que así fuera tendría que haber la demanda que se esperaba.
Este PGOU se mantuvo vigente durante casi treinta años. A principios de los años ochenta, el Ayuntamiento decide acometer la ordenación completa del municipio mediante la formulación de unas Normas Subsidiarias que, tras varias incidencias (incluyendo el cambio de equipo redactor), se aprueban definitivamente a fines de 1994. En ese intervalo, y especialmente en los primeros ocho años de vigencia del PGOU de El Médano, se aprueban varios planes parciales para la ordenación y ejecución de las correspondientes urbanizaciones: La Mareta (1966), Arenas del Mar (1966), Ensenada Pelada (1968), El Tapado (1969), Costabella (1971) y El Cabezo (1973); además, durante el proceso de redacción de las Normas Subsidiarias se tramita el plan parcial Médano Beach (1987), aunque no llega a aprobarse. Llama la atención que, con la excepción de El Cabezo, todos estos sectores quedan al exterior del ámbito clasificado como suelo urbano por el PGOU, lo cual apunta a que no hubo apenas dirección pública del proceso de urbanización, admitiéndose pasivamente la puesta en juego de fincas agrícolas en el suelo de reserva urbana, donde no era prioritario el desarrollo.
La ejecución urbanizadora de estos sectores tampoco puede decirse que se ajustara a las obligaciones legales de entonces. En todos se iniciaron las obras de urbanización de forma casi simultánea a la venta de parcelas y, en muchos casos, de la posterior edificación. Pero en ninguno se acabaron las obras, probablemente porque la demanda no fue como se esperaba y también debido a la primera crisis del turismo canario (1974) derivada de la mundial del petróleo. Así, a la fecha de aprobación de las Normas Subsidiarias, tan solo cinco de estos sectores estaban parcialmente urbanizados y contaban con algunas edificaciones (La Mareta, Arenas del Mar, Ensenada Pelada, El Tapado y Costabella).
La clasificación de suelo (urbano y apto para urbanizar) de las Normas Subsidiarias vino a reconocer las actuaciones parciales aprobadas (salvo la de El Topo y Montaña Roja que, por distintos motivos, pasaron a suelo rústico) e incluso las nuevas iniciativas pendientes de aprobación, como fue el caso de Médano Beach, Los Martines y Canarias Sol. Además ampliaron la delimitación del núcleo urbano a poniente, llegando hasta la variante hacia Los Abrigos.
Una vez promulgada la Ley de Ordenación del Territorio de Canarias (1999), el Ayuntamiento de Granadilla inicia la elaboración del Plan General del municipio, que entra en vigor en 2005 y es la ordenación vigente en la actualidad. Como puede verse en la imagen adjunta que recoge el plano de clasificación de suelo vigente, el ámbito costero que abarcó el Plan General de El Médano se encuentra ocupado en su casi totalidad por suelos urbanos o urbanizables. Eso no significa en absoluto que, casi 60 años después, se haya alcanzado ni mucho menos la consolidación prevista en aquel primer plan. Solo dos ámbitos provenientes de plan parcial (Costabella y parte de El Tapado) han alcanzado un grado suficiente de consolidación urbanizadora y edificatoria (y son categorizados como suelo urbano consolidado por el PGO). Seis de los antiguos sectores (La Mareta, parte de El Tapado, El Cabezo, Arenas del Mar, Ensenada Pelada y Médano Beach) se categorizan como suelo urbano no consolidado, delimitándose las correspondientes unidades de actuación para culminar las obligaciones de urbanización (casi veinte años después de la aprobación del PGO varias siguen aún pendientes). El sector de Mar-Vela, en las faldas de Montaña Pelada, se pasó a suelo rústico. Finalmente, se mantienen como suelo urbanizable de las Normas Subsidiarias Canarias Sol y Los Martines y, además, se incorporan nuevos sectores (Agua Dulce, en Los Abrigos, Médano Park y Camino de la Trinchera, de ampliación del núcleo, y un no sectorizado entre Arenas del Mar y Ensenada Pelada/Médano Beach).

La capacidad alojativa del PGO vigente en la costa del municipio asciende (según datos del propio Plan) a 27.155 habitantes (en uso residencial) y 4.714 plazas turísticas, lo que hace un total de 31.869 personas en situación de plena ocupación. El Plan General de El Médano preveía un total de 20.285 habitantes en el ámbito que clasificaba como suelo urbano; aunque no aportaba datos cuantitativos para el suelo de reserva urbana, aplicando la densidad asumida y excluyendo la franja de dominio público y las dos montañas, puede estimarse que el número total estaría en torno a los 65.000 habitantes. Ciertamente, la ordenación vigente redujo muy significativamente (a algo menos de la mitad) la capacidad alojativa de la costa. Sin embargo, veinte años después del PGO, la población del ámbito costero (incluyendo Los Abrigos) está en torno a 14.600 habitantes; es decir, más o menos la mitad de la capacidad residencial vigente, pese a que El Médano y su entorno han experimentado un crecimiento muy intenso durante los últimos tiempos. No tengo a mano los datos de oferta alojativa, pero sin duda el porcentaje de colmatación de las previsiones del Plan es todavía inferior (sin considerar, claro está, la vivienda vacacional, no contemplada por el PGO, y que está ocupando un porcentaje muy significativo del parque residencial).
En resumen, lo que hoy es la costa de Granadilla se gestó en las visiones desmesuradas de los munícipes de los años sesenta del pasado siglo, reflejadas en un Plan General de El Médano que fue el soporte de una ocupación urbanizadora de la franja litoral mediante urbanizaciones aisladas estructuradas solo por el eje "horizontal" desde Los Abrigos a Montaña Pelada. Los posteriores instrumentos de ordenación general redujeron, en la medida de lo posible (condicionados por las situaciones jurídicas previas), pero, aún así, el planeamiento vigente presenta un notorio sobredimensionamiento, tanto respecto de las previsiones razonables de crecimiento como, sobre todo, si se atiende a la capacidad de carga de este ámbito y del conjunto de la Isla. En esta zona costera, como en todo el Sur, es urgente, a mi juicio, una reflexión y revisión sobre su ordenación urbanística.
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